Comunicación y esquizofrenia – Isabel Sanfeliu

Clínica y análisis grupal 22

Clínica y Análisis Grupal - Nº 22 (1980)

Año 5 (Septiembre/Diciembre)

Resumen

Este trabajo nos acerca al esquizofrénico a través de su mundo de relaciones, dando primero una visión general de la teoría de la comunicación y el doble vinculo para luego analizar la experiencia exterior del sujeto, su historia personal, como base de sus conflictos internos.

Para ello se parte de los trabajos realizados por el equipo de Palo Alto (California) y de las investigaciones de Laing en torno a las psicosis y el entorno familiar, teniendo como esquema referencia! la psicología vincular.

La esquizofrenia es tomada como única reacción posible ante un contexto comunicacional absurdo y desconfirmante, viéndose al delirio como sistema defensivo que evita la disgregación. La salida sana de estas situaciones de doble vínculo es la metacomunicación.

Después de hacer una revisión del rol del enfermo mental en el entorno familiar, las depositaciones que en él se hacen, se termina resaltando la im- portancia del vínculo terapéutico como vía de conexión con la realidad.

Summary

This work brings us closer to the schizophrenic through his world of relationships, first giving an overview of the theory of communication and the double bond, and then analyzing the external experience of the subject, his personal history, as the basis of his internal conflicts.

This is based on the work done by the Palo Alto team (California) and Laing's research on psychosis and the family environment.

Schizophrenia is taken as the only possible reaction to an absurd and distrustful communication context, seeing delirium as a defensive system that avoids disintegration. The healthy exit from these double bond situations is metacommunication.

After reviewing the role of the mentally ill in the family environment, ends up highlighting the importance of the therapeutic link as a way of connecting with reality.

Comunicación y esquizofrenia

Isabel Sanfeliu

1.- La Comunicación patológica

Las cosas enajenadas que hacen y dicen los esquizofrénicos, seguirán teniendo un sentido oculto para nosotros si no tratamos de comprender su marco existencial. Vamos a analizar cómo se relacionan a través del pensamiento y sus formas de manifestarlo, cómo viven su relación con el mundo que les rodea y con ellos mismos, su forma de vincularse. Al hablar del vínculo que establecen, consideramos al sujeto en situación, incluido el complejo juego de interacciones que tiene lugar y enmarcado en un contexto determinado, con su peculiar atmósfera emocional. Rolla describe el vínculo esquizofrénico caracterizado por la eliminación de la capacidad de amor y de agresión, tendente hacia la megalomanía y el autismo.

La experiencia del esquizofrénico está dividida en dos aspectos principales: hay una brecha en su relación con el mundo y, por otra parte, una fractura en su relación consigo mismo. “No es capaz de experimentarse a sí mismo junto con otros, sino que se experimenta en soledad y completamente aislado;  además no se vive como una persona completa, sino como si estuviese dividido de varias maneras, quizá como una mente ligada más o menos tenuemente a un cuerpo, como dos o más yos, etc.”  [1].

Partimos del hecho de que toda conducta humana es comunicación, así como de que toda comunicación (verbal o no) afecta a la conducta. “El individuo no comunica, se convierte en parte de la comunicación” (Birdwhistell). Podríamos considerar al cuerpo físico como transmisor de un lenguaje más inconsciente, poco vulnerable a la deformación y manipulación conscientes.

La comunicación nos afecta continuamente, incluso nuestra autoconciencia depende de ella. Hora, en Tao, Zen y psicoterapia existencial, nos dice: “Para comprenderse a sí mismo, el hombre necesita que otro lo comprenda. Para que otro lo comprenda, .necesita comprender al otro”. Cada uno de nosotros contribuye a la realización o destrucción del otro. En el individuo se establece un conflicto cuando siente temor a satisfacer su necesidad de comunicar, al prever las consecuencias que, en determinadas circunstancias, su acción podría provocar. Este conflicto da lugar a la ambigüedad, esto es, el emisor cree expresar lo que quiere decir, pero al receptor le llega el mensaje distorsionado.

Desde el punto de vista comunicacional, un fragmento de conducta sólo puede estudiarse en el contexto en que se desarrolla, y los términos “normal” y “anormal”, son muy cuestionables. Así, el estado de un paciente no es estático, sino que varía en función de la situación interpersonal y la perspectiva subjetiva del observador.

Se puede proceder al análisis de la esquizofrenia desde dos perspectivas distintas:
a) La teoría de los síntomas primarios.
b) El análisis de la estructura de los mensajes.

Para trabajar con el segundo enfoque, habría que considerar tres aspectos básicos, interdependientes, de la teoría de la comunicación:

- Sintaxis (lógica matemática). Propiedades del lenguaje: codificación, canales...

- Semántica (filosofía). El significado. Toda información compartida presupone una convención semántica.

- Pragmática (psicología). Cómo afecta el mensaje a la conducta. Todo lenguaje es un acto de conducta. Puede considerarse la conducta patológica como:

  1. “Señal” de una “enfermedad”.
  2. Expresiva de su existencia, estudiándola en el contexto interpersonal en el que se produce (familia, institución), donde tal conducta no es simplemente el resultado ni la causa de estas condiciones ambientales, sino una parte completamente integrada de un sistema patológico en curso. No se considerarían los síntomas como una expresión de conflictos intrapsíquicos, sino como una de las múltiples formas de entrada al sistema familiar. Se puede considerar al síntoma como un mensaje no verbal [2].

Desde otra perspectiva, se entienden los síntomas psiquiátricos como la conducta adecuada a una situación interaccional dada [3]. Es un marco de referencia opuesto a la visión psiquiátrica clásica. Es muy distinto entender la esquizofrenia como única reacción posible frente a un contexto comunicacional absurdo e insostenible, que si la vemos como una enfermedad incurable y progresiva de una mente individual.

El esquizofrénico, inmerso en el contexto de comunicación al que nos referíamos, parece que evitara todo compromiso al no comunicarse; pero puesto que incluso el silencio, la inmovilidad o cualquier otra forma de negación constituye en sí misma una comunicación, se enfrenta a la tarea imposible de negar que se está comunicando y, al mismo tiempo, de negar que su negación es una comunicación. Este es un dilema básico de la esquizofrenia.

Otra posibilidad es que el paciente dé la impresión de querer comunicarse, aunque sin aceptar ningún compromiso, esto es, de forma que pueda negar los distintos aspectos de su mensaje. El lenguaje del esquizofrénico puede tener muchos significados distintos incluso incompatibles.

    Instrumentos de comunicación:

En lo conductual podemos distinguir:

  1.   El nivel de contenido. Es el aspecto cognitivo o el “para qué”, con determinada significación social; una elaboración abstracta de las propiedades de los objetos.
  2.   El aspecto relacional. La carga emocional, vivencias en relación con sus necesidades.

Si trasladamos esta división al campo del lenguaje, se observaría:

  1.   Lo digital, referencial o denotativo. La información.
  2.   Lo analógico, no verbal, conativo. Es una metacomunicación y clasifica al anterior. Da una valoración al contexto que elimina en alguna medida la ambigüedad del mensaje. Se asemeja al “ello” freudiano en cuanto que no se rige por las leyes de la lógica consciente.

Normalmente se presenta una escisión entre ambos sistemas. En la terapia es fundamental que coincidan, que se dé comunicación sobre comunicación, en definitiva, que no se dé la comunicación paradójica evitando una ruptura de códigos.

Bateson [4], los ejemplifica por medio de una analogía fisiológica: “Supongamos que A, B y C, constituyen una cadena lineal de neuronas. Entonces, el disparo de la neurona B, es al mismo tiempo información de que A ha disparado y una instrucción para que C lo haga”.

En el vínculo esquizofrénico, lo denotativo (el objeto o concepto en sí), queda siempre por debajo de lo connotativo (significados subjetivos). (Nicolás Caparrós).

El manejo adecuado de la metacomunicación, es indispensable no sólo para lograr una eficaz relación, sino también para tener una clara percepción del propio yo (self) y del otro.

Valoración de las relaciones

Podría considerarse la relación como un mensaje concretizado: “cómo valoro tu concepto de ti”. Esto es lo que Pichon-Riviére denomina “telé”. Cuando un individuo se define a sí mismo, se le puede responder:

1) Confirmándole, lo que contribuye al desarrollo y estabilidad de la mente. “... una sociedad puede considerarse humana en la medida en que sus miembros se confirman entre sí...” (Martín Buber). El que un hombre confirmé totalmente a otro, es una posibilidad ideal que rara vez se realiza. Podemos juzgar que los actos y las secuencias de interacción son, más o menos y de diferentes maneras, confirmatorios o desconfirmatorios. También es posible confirmar una acción, en un nivel y desconfirmarla en otro (pseudoconfirmación), son fingimientos de confirmación.

2) Rechazándole, lo que supone por lo menos un reconocimiento. Podría verse como una forma de confirmación.

3) Desconfirmándole, negándole su realidad, lo que conduce a la pérdida de la mismidad. El ser humano necesita ser entendido y tener una identidad. No podría mantener su estabilidad emocional durante períodos prolongados, comunicándose sólo consigo mismo. La pauta familiar característica que han revelado los estudios de las familias de esquizofrénicos, no se refiere tanto al hijo que ha sido descuidado por completo o que ha sufrido un trauma innegable, sino al que ha estado sometido a una sutil pero persistente desconfirmación, inadvertida de ordinario.

Con el transcurso del tiempo, la falta de genuina confirmación, toma la forma de una corroboración activa de un falso yo, de suerte que aquél cuyo yo falso es confirmado y su yo real desconfirmado, se ve colocado en una posición falsa; entonces siente culpa, vergüenza o angustia por no ser falso. El potencial esquizógeno de la situación reside, en buena parte, en el hecho de que nadie repara en ella [5].

Se puede ver la esquizofrenia como una perturbación que impide identificar e interpretar señales que deberían decir al sujeto qué clase de mensaje recibe. En consecuencia, es posible observar cómo ante problemas que requieren la acción (ej.: trasladarse de un lugar a otro), utiliza el pensamiento (omnipotente, como forma de transporte), y viceversa, cómo puede recurrir al cuerpo para hacerse comprender en vez de utilizar el habla.

Bateson [6], describe su peculiar lenguaje como una ensalada de palabras que reflejan una situación traumática, un embrollo metacomunicativo. Lo que el esquizofrénico dice, cobra sentido como descripción de su experiencia. “El lenguaje es empleado por el esquizofrénico de tres maneras: como un modo de actuar, como método de comunicación y como modo de pensamiento” [7].

En la esquizofrenia, lo que está atacado es el uso de las señales identificado-ras de mensajes y el yo no se atreve a discriminar entre los hechos y las fantasías.

Los síndromes (agrupación significativa de síntomas), relacionados con la incapacidad de clasificar mensajes, van desde:

- El hebefrénico: ningún mensaje tiene un tipo definido. Son anécdotas disparatadas con desenlaces imprevisibles, incoherentes.

- Al paranoide: se trata de sobreidentificar. Hay una identificación rígida de cada mensaje y se originan delirios. Es el más socializado.

- En la esquizofrenia simple, observaríamos una distancia afectiva que llevaría a la indiferencia, falta de iniciativa y laxitud. Existe un bloqueo del pensamiento, no hay delirios.

Haley, integrante del equipo de Palo Alto, define la incapacidad de discriminar los tipos lógicos como síntoma de la esquizofrenia. Elaboran la teoría de las comunicaciones (atendiendo más .a cómo se configuran las relaciones en el aquí y ahora que a su significado simbólico), basándose en la teoría de los tipos lógicos de Russell, que, simplificada, dice: “Una clase es algo distinto de los elementos que la componen, representando a la vez un factor de abstracción superior a dichos elementos”.

La función del yo sería discriminar modos comunicacionales, sea dentro de la persona o entre la persona y otros. Pero el esquizofrénico manifiesta debilidad en dicha función, más concretamente, Bateson nos habla de tres áreas:

  • Dificultad para asignar el modo comunicacional correcto a los mensajes que recibe de otras personas.
  • Dificultad para asignar el modo comunicacional correcto a los mensajes que él mismo emite de manera no verbal.
  • Dificultad en asignar el modo comunicacional correcto a sus propios pensamientos, sensaciones y preceptos.

Una posible distinción en relación con la profundidad del trastorno es [8]:

  1. Esquizofrenias que alteran fundamentalmente el self por fragmentación de éste. Son las más desestructuradass.
  2. Esquizofrenias que alteran la relación con el medio, que tienen un self mínimamente estructurado. Son las esquizofrenias propiamente dichas. Aunque toda esquizofrenia tiene cierta fractura del self, esta división es útil a nivel teórico, sobre todo cara al pronóstico. A mayor producción delirante, mejor pronóstico, teniendo también en cuenta el contenido del delirio:
  • Persecutorio, supone un menor despegue de la realidad.
  • Megalomaníaco, más autista.

Ya Freud nos hablaba de la utilidad del delirio para controlar el desgobierno del yo; en la esquizofrenia, es visto como un síntoma de salud. El delirio nace y es comprensible a partir de un deficiente control del mundo real y de una falta de claridad sobre la propia identidad. Lo que se ha perdido es sobre todo una estructura de las relaciones entre uno mismo y los demás [9].

Bleuler lo considera un síntoma secundario: “Partimos de un proceso primario de disociación de ideas que provoca una serie de síntomas secundarios (delirios, alucinaciones...) como reacción de la personalidad a los fenómenos morbosos interiores y a los acontecimientos exteriores”. Si el pensamiento (la tensión vital), se afloja en relación con el medio, se produce la esquizofrenia.

El delirio como interpretación del mundo nace en el momento en que el individuo busca unos mensajes, unos símbolos, una clave que le explique quién es él y qué es en el mundo; qué está sucediendo realmente, cómo puede entrar en este mundo que le domina pero del cual está excluido y sobre el que no, tiene ningún poder. Intenta reconstruir, reestructurar la realidad partiendo de algo que intuye.

Para Jervis, el sujeto delirante también puede determinarse y confirmar su propia identidad a través de la propia visión del mundo y defendiendo las cosas en que cree. El delirio es utilizado por el psicótico muchas veces para ocultar sus auténticos pensamientos, su confusión y su angustia. En general puede decirse que es una defensa que impide la disgregación psicótica, permite vivir, atribuir un orden a las cosas. Desde aquí, hay que rechazar una “terapia de delirio”, lo que habría que conseguir es poner al individuo en una situación en que ya no necesite delirar.

2.- El doble vínculo

Esta teoría, planteada hacia 1953 por Bateson, Weakiand, Haley y más tarde Jackson, ha sido poco modificada. Establecer una relación de “doble vínculo” con una persona, significa hacerla dependiente mediante instrucciones o imposiciones paradójicas y contradictorias, de modo que el sujeto no pueda obedecer, desobedecer, ni librarse de la misma relación.

Bateson [10] enumera seis factores necesarios para que tenga lugar una situación de doble vínculo:

  1. Que existan dos elementos o un conjunto de personas.
  2. Un mandato primario negativo. Se ordena lo que no se hace, pero no se dice lo que sí se puede hacer. Son mensajes bruscos y suelen ser verbales.
  3. Un mandato secundario que está en conflicto con el primario en un nivel más abstracto, y que al igual que el anterior, está reforzado por castigos o señales que anuncian un peligro para la supervivencia. Es un mensaje extra-verbal en un orden de abstracción superior al del primero, pertenecen a distintas clases. La oposición de mensajes provoca la disociación esquizofrénica.
  4. Un mandato negativo terciario que prohíbe a la víctima escapar del campo. Puede ser un contexto que le impida tener otro referente (otro tipo de mensajes que no sean los disociantes).
  5. Todo lo anterior debe ser una expectativa habitual, repetirse las suficientes veces como para que suponga un aprendizaje de este tipo de vínculo.
  6. Los apartados 1, 2, 3 y 4, se dan simultáneamente.

Si la víctima aprendió a percibir su universo bajo patrones de doble vínculo, dejan ya de ser necesarios los anteriores requisitos, pudiendo llegar a ser asumido el patrón de mandatos conflictuales por voces alucinatorias. El esquizofrénico se encuentra obligado a atender a la vez a esos dos órdenes de mensajes. Según Nicolás Caparrós, esto genera dos tipos de fenómenos en la comunicación:

  1.   Un mensaje concreto mandado por el sujeto esquizofrénico tiene un significado oculto sobreañadido que es el verdadero mensaje.
  2.   El esquizofrénico manda un mensaje muy abstracto, pero que sin embargo entraña un pedido concreto.

Los aspectos connotativos de lo denotativo, están alterados tanto más cuanto mayor sea la disociación.

Bateson establece la siguiente hipótesis sobre el efecto del doble vínculo:

Hay un colapso en al capacidad del individuo para discriminar entre tipos lógicos cada vez que se presenta una situación de doble vínculo, respondiendo habitualmente de forma defensiva insistiendo sobre el nivel literal, aun cuando sea inadecuado.

Los esquizofrénicos también confunden lo literal y lo metafórico en sus propias verbalizaciones cuando se sienten atrapados en un doble vínculo. El desplazamiento a lo metafórico trae seguridad, aunque impide que el paciente haga la acusación que pensaba hacer. “Si se desplaza, el doble vinculo no puede actuar sobre la víctima, porque él no es él y además se encuentra en un lugar diferente” (Bateson).

La patología aparece cuando la propia víctima no puede reconocer que sus respuestas son metafóricas. Hacerlo le llevaría a tomar conciencia de que se está defendiendo, esto es de que temía a la otra persona, lo que le llevaría a condenar al otro, lo que a su vez implicaría una situación caótica dada su forma de vincularse.

Ante este derrumbe del sistema metacomunicativo, hay varias alternativas para defenderse:

- Procedimiento paranoide: Si hay significados ocultos que le perjudican, será suspicaz y desconfiado. Se percibe la discordancia de los mensajes y se pasa a buscar el por qué son contradictorios (se racionaliza sobre el doble vínculo), Se toma lo irrelevante del mensaje como la explicación del mismo haciendo una lectura connotativa, muy por afuera.

- Procedimiento hebefrénico: Si acepta literalmente todo lo que le dicen, tomara los mensajes como cosas sin importancia. Esto sólo es posible si se produce una disociación despersonalizante. Se necesita la conducta hebefré-nica para poder hacer caso a los mensajes del doble vínculo sin unirlos. Su lectura es muy denotativa.

- Procedimiento catatónico: Si trata de ignorarlos. Aquí habría una subdi-visión:

  1. Catatonía agitada. Se produce una conducta explosiva, hiperactiva como respuesta al doble vínculo.
  2. Catatonía estuporosa. Se retrae negándose a elegir.

Son dos respuestas muy pegadas a la biología desde el nacimiento. Se escogerá una u otra según el grado de sobrecogimiento que el mensaje provoque en el sujeto: Si sobrecoge mucho se elige la respuesta más activa, si menos el retraimiento. Esta última reacción es posible en el comienzo del desarrollo, pero genera una situación de autismo y una grave alteración del proceso evolutivo.

La situación paradójica producida por el doble vínculo, conduce en general a dos tipos de respuestas posibles:

- Sobrepasarlo por medio de metacomunicarnos con él. Sería una posible salida

- Retraimiento, lo que se da en la esquizofrenia.

En la medida en que el mensaje paradójico se pudiera devolver a su emisor (lo que se conseguiría metacomunicándose con él), éste quedaría atrapado en su propia paradoja. Lo que se produce es una relación de poder, y la víctima está totalmente privada de redefinir su propia condición, es decir, debe aceptar una definición que es tan contradictoria que resulta destructiva.

La psicosis parece, en parte, una manera de manejar las situaciones de doble vínculo para superar su defecto inhibidor y controlador.

El doble vínculo es una experiencia de ser castigado precisamente por tener razón en la propia visión del contexto. Así, el esquizofrénico eliminará de sus mensajes todo lo que se refiera, explícita o implícitamente, a la relación entre él mismo y la persona a la cual se dirige. Evita aclarar qué clase de mensaje está transmitiendo y distorsionará todo lo que pudiera parecer que lo identifica a él o a su interlocutor.

3- Dinámica Familiar en la esquizofrenia

Los seres humanos emplean el contexto como guía para la discriminación de modos; no hay que buscar una experiencia traumática específica en la infancia del esquizofrénico, sino patrones secuenciales característicos. El paciente vive en un universo donde sus hábitos comunicacionales desusados resultan adecuados de alguna manera.

Bateson [11], afirma que son éstas determinadas secuencias de acontecimientos que rodean la experiencia exterior del esquizofrénico, las responsables de los conflictos interiores en la asignación de tipos lógicos. Enumera tres características generales que se dan en su situación familiar:

1- Una madre que se angustia y se aisla si el niño le responde como a una madre amorosa. La existencia misma del niño tiene un significado especial para la madre.

2- Una madre para la que no son aceptables sus “sentimientos de angustia y soledad hacia el niño y que para negarlos se manifiesta como una madre amorosa esperando que el niño la responda como a tal.

3- La falta en la familia de alguna persona qué le ofrezca otro modelo de relación al niño.

Las teorías acerca de un trauma único infantil, cedieron paso al postulado de un trauma relacional repetitivo, aunque unilateral y concebido estáticamente, provocado por la madre esquizofrenizante; pero, como señala Jackson, ésta es sólo la primera fase de una revolución más amplia que pase a considerar a la esquizofrenia como una enfermedad de raigambre familiar, que implique mucho más de lo que el término “madre esquizofrenógena” puede connotar.

Por otro lado, podríamos preguntarnos cómo es que esta familia esquizofrenizante, no origina la misma patología en todos los hijos. Las relaciones dentro del grupo son patológicas, pero hay un depositario, un chivo emisario, que se hace cargo de la “locura familiar” con mayor intensidad.    Algunos autores hablan de cierta predisposición genética, pero se puede buscar la explicación en el complicado juego interaccional en el que se manejan todo tipo de sentimientos: amor, odio, la culpa que éste conlleva... Cada uno de los hijos es vivido de forma muy distinta por los padres, influyendo en esto factores que van desde el sexo, hasta las especiales circunstancias que rodearon cada fecundación y cada parto.

Siguiendo la teoría de Bateson, vamos a ver el posible origen de una situación desencadenante de una esquizofrenia a partir de un doble vínculo en la relación madre-hijo:

La madre empieza a sentir afecto y proximidad para con su hijo, al sentirse entonces en peligro, tiene que apartarse de él. No puede aceptar este acto hostil y lo niega simulando afecto y cercanía. La conducta amorosa final, es un mensaje sobre una secuencia de mensajes que el niño no acierta a discriminar correctamente. Hay expresiones de sentimientos simulados (un tipológico) y una serie de sentimientos reales (otro tipo lógico).

Así, el niño se ve obligado a distorsionar sistemáticamente sus percepciones de las señales metacomunicativas. Tiene que discriminar falsamente sus propios mensajes internos (para no reconocer el engaño de la madre) y al mismo tiempo discriminar falsamente los mensajes de los otros. Puede ser castigado por interpretar correctamente lo que ella expresa y es castigado si lo hace incorrectamente: ya está atrapado, en un doble vínculo.

Para Bateson, el padre de un esquizofrénico no suele ser una persona que clarifique la situación. La madre se sentiría amenazada por cualquier otro lazo afectivo del niño y lo rompería para acercarse más a él, con la consiguiente angustia al lograrlo. Al evitar que el niño hable sobre la situación, la madre le prohíbe emplear el nivel metacomunicativo, lo que sería esencial para un intercambio social exitoso. Así, no podrá llegar a determinar qué es lo que otras personas quieren decir realmente, ni expresar lo que él quiere decir.

La familia esquizofrénica es una organización que presenta gran estabilidad permanente y cuya dinámica y operaciones internas son de tal carácter, que cada miembro está continuamente sometido a la experiencia de la negación del yo.

Como uno de los posibles factores esquizofrenógenos, encontramos la falta de autonomía en el individuo que podría ser inducida por distintas situaciones:

  1.  Puede ocurrir que una educación excesivamente afectuosa y protectora, suprima en el niño cualquier libertad real, capacidad de rebelión o posibilidad de personalizarse; cada una de sus opiniones le es enseñada por sus padres. Este mecanismo progresivo, podría ir sentando las bases de una esquizofrenia.
  2.  Una personalidad no autónoma de este tipo está presente muchas veces en los jóvenes que han sido recluidos durante largo tiempo en instituciones represivas. Aquí estaría desencadenada por el absoluto rigor, la disciplina y, en general, un clima de miedo que también puede encontrarse en algunos hogares familiares.
  3.  Podemos observar el mismo resultado en los que han tenido en la familia un rol caracterizado por la escasísima o nula capacidad de decisión, siendo oprimidos por una constante, sutil y precoz desvalorización de sus capacidades, protestas e iniciativas respecto a los adultos o hermanos. Es fácil que en esta situación se encuentren los miembros más jóvenes y del sexo femenino de la familia.

Las primeras experiencias del ser humano son de suma importancia; el grupo familiar (o sustitutivo) en el que establece sus primeros vínculos, configura el modelo de relación con el que se integrará en los diversos grupos sociales. Si los vínculos establecidos están deteriorados o empobrecidos, surgirán en un plazo más o menos largo, los síntomas que caracterizarán los distintos cuadros patológicos.

“Todo sujeto que enferma psíquicamente, es que ha asumido un rol particular y en cierta medida operativo dentro del grupo familiar” [12], y más adelante: “El paciente tarado se hace cargo de la parte tarada de cada uno de los integrantes del grupo familiar, quienes proyectan masivamente en él”.

El grupo familiar va requiriendo determinado tipo de roles a lo largo de su desarrollo. Necesita que alguien se haga cargo o depositario de los mismos para que disminuya la angustia que no se puede elaborar grupalmente. Aquí es donde puede aparecer el enfermo familiar, haciendo manifiesto y asumiendo él sólo un conflicto latente compartido por todos. Es un portavoz al que hay que alejar para que se hagan cargo de él; alejándolo a él, se aleja la ansiedad del grupo y se le preserva [13].

Pero también puede ocurrir que esta familia necesite convivir con él y utilizarle para justificar actitudes o sentimientos. Así, la madre podrá seguir ejerciendo su rol ocupándose del bebé-adulto, el padre podrá achacar a su dedicación al hijo sus frustraciones profesionales, y a ambos les será útil para mantener su vínculo. La función de este “chivo emisario”, sería imponer a los padres la necesidad constante de tomar decisiones conjuntas y de intervenir en situaciones de crisis, cosa que confiere a su relación una pseudoestabilidad que en realidad no existe. En todos estos casos es posible predecir que cualquier mejoría del paciente se verá seguida por una crisis marital que, a su vez, puede hacer que reaparezca la patología del hijo.

Con todo este montaje a su alrededor, al esquizofrénico le será muy difícil independizarse, haciéndose consciente de los vínculos patológicos que le mantenían atado a su familia para ir forjando su autonomía.

Un caso extremo sería la familia que no puede aceptar las manifestaciones de madurez del hijo y que contrarresta estas “desviaciones” calificándolas de enfermas o nocivas. Esta es una de las razones que contribuyen a la estabilidad del sistema, aunque los cambios internos virtualmente inevitables (la edad y maduración de padres e hijos), o la amplificación de otras desviaciones, puedan incidir en la modificación de su estructura.

4- La relación terapéutica

El futuro del esquizofrénico depende de varios factores, entre ellos de que el paciente no esté destruido por años de opresión manicomial, del tipo de relaciones interpersonales cotidianas que se le ofrecen... quizás lo más importante sea el sentido y la utilidad de la relación del individuo con los demás.

En general, la terapia de la esquizofrenia, es un trabajo paciente de reconstrucción de relaciones que tengan un sentido para el sujeto, el lento y gradual intento de ayudarle a encontrar una identidad, un motivo para vivir, unos objetivos concretos y alcanzables por los que existir. “Es el esfuerzo por romper los círculos viciosos interpersonales que determinan sus regresiones, las fugas en el delirio, las crisis de aislamiento de la realidad, o los intentos de reacción y de respuesta incongruentes, no realistas, de fuga y agresión” [14].

Hay que hacer un esfuerzo para entrar en su mundo privado, en sus terro-res y las inhibiciones que le bloquean, buscando su comprensión “echando mano de nuestras propias posibilidades psicóticas” como dice Laing, sin renunciar a la cordura. Jan B. Gordon, nos habla del riesgo que este tipo de acercamiento al mundo del esquizofrénico puede tener [15], y Farber, en el mismo libro, señala cómo la relación con los pacientes influye y modifica la personalidad del terapeuta. El fragmento autobiográfico “The bird of paradise” de Laing, ha sido visto por un crítico como un reflejo de un episodio esquizoide debido a su implicación con esquizofrénicos. Una forma de evitar este riesgo es que el terapeuta se sitúe a su vez como analizado, con lo que podrá orientarse en el esquema del otro reconstruyendo la manera que el paciente tiene de ser en su mundo sin involucrarse en él.

Se trata de relacionar las acciones del paciente con su manera de vivenciar cómo se halla con nosotros como terapeutas. Comprender su pasado en función de su presente; llegar a saber cómo se está experimentando a si mismo y al mundo. Lo que el esquizofrénico sea para nosotros, determina en gran parte lo que somos para él.

“Se puede establecer una viable relación doctor-paciente con el esquizofrénico. Cuando esto parece imposible de lograr, se debe a los problemas de personalidad del doctor y no a la psicopatología del paciente” (Frieda From-Reichman).

Bateson también afirma que la forma de hablar del esquizofrénico está determinada en gran parte, aunque a veces de modo sutil, por la manera en que la otra persona se dirige a él. Si pretendemos que nos abra una rendija para poder penetrar en su mundo, tendremos que empezar por brindarle un ambiente de calor y confianza aceptándole sin condiciones e impidiéndole lo menos posible descubrir su propio yo. El terapeuta debe conseguir un equilibrio de forma que no caiga ni en adoptar una posición en el sistema de fantasía de sus pacientes, aceptando colundirse (autoengañarse) con ellos, ni utilizarlos para corporizar las propias fantasías en ellos.

La psicoterapia se ocupa de la digitalización correcta y correctiva de lo analógico, de verbalizar emociones [16]. De hecho el éxito o fracaso de una interpretación, depende de la capacidad del terapeuta para traducir un modo al otro y de la disposición del paciente para cambiar su propia digitalización por otra más adecuada y menos angustiante. Para romper los círculos viciosos de comunicación patológica, los interlocutores deben estar en condición de metacomunicarse, para lo que tienen que colocarse fuera del círculo, mantener la debida distancia.

También encontramos situaciones de doble vínculo creadas dentro y por medio del contexto terapéutico y el medio hospitalario. En ocasiones pueden pasar inadvertidas, pero otras veces son impuestas por el terapeuta para obligar al paciente a responderle de una manera distinta a la que empleaba en el pasado.

Bateson señala como diferencia entre el vínculo terapéutico y la situación original de doble vínculo, el hecho de que el terapeuta no está comprometido personalmente en una lucha de vida o muerte, con lo que puede establecer vínculos relativamente benévolos y ayudar gradualmente al paciente para que se emancipe.

Los manicomios ya están reconocidos como algo opresivo y antiautonomizante; alguien internado en ellos, aunque esté totalmente sano, resulta condicionado por una serie de mecanismos psicológicos invalidantes que le empujan a la locura; pero el daño que la actitud de la familia causa en la persona etiquetada como esquizofrénica cuando se le niega hasta un mínimo de reconocimiento de su autonomía es pormenorizado. La persona que está al borde del delirio o en una crisis psicótica que podría ser transitoria y leve, a menudo es objeto de comunicaciones reticentes, de mensajes contradictorios, ambiguos, invalidantes y amenazadores. Todo esto la hace objeto de una inconsciente manipulación psicológica que provoca la esquizofrenia.

Esta es una de las razones que hacen extremadamente difícil a un individuo salir de una experiencia de tipo esquizofrénico, una vez que su vida ha desembocado establemente en el camino de esta específica manera de ser.

Debemos acercarnos al esquizofrénico, pero teniendo en cuenta que cualquier forma de comprensión amenaza todo su sistema defensivo, al mismo tiempo que el yo suspira porque se le comprenda. Así, como advierte Binswanger, “No hay que tratar de acercarse demasiado, demasiado pronto”, Jung afirmaba que el esquizofrénico deja de serlo cuando se encuentra con alguien que cree que lo comprende; cuando esto ocurre, gran parte de la extravagancia que es considerada como “signo” de su “enfermedad” se desvanece.

Para ello se parte de los trabajos realizados por el equipo de Palo Alto (California) y de las investigaciones de Laing en torno a las psicosis y el entorno familiar, teniendo como esquema referencia! la psicología vincular.

La esquizofrenia es tomada como única reacción posible ante un contexto comunicacional absurdo y desconfirmante, viéndose al delirio como sistema defensivo que evita la disgregación. La salida sana de estas situaciones de doble vínculo es la metacomunicación.

Después de hacer una revisión del rol del enfermo mental en el entorno familiar, las depositaciones que en él se hacen, se termina resaltando la importancia del vínculo terapéutico como vía de conexión con la realidad.

Notas a pie

[1] Laing: El y o dividido, México, F.C.E., 1978.

[2] Artiss: “El síntoma como comunicación en la esquizofrenia”.

[3] Watziawick, Beavin y Jackson: Teoría de la comunicación humana, Ed. Tiempo contemporáneo, 1976.

[4] Bateson y Ruesch: Comunicación: la materia social de la psiquiatría, Paidós, Bs. As., 1965.

[5] Laing: El yo y los oíros, México, F. C. E., 1974.

[6] Bateson: Doble vínculo y esquizofrenia, Granica, Bs. As.

[7] Bion: Volviendo a pensar, Paidós. Bs. As., 1972.

[8] N. Caparros: Curso de psicosis, 1979.

[9] G. Jervis: Manual crítico de psiquiatría. Anagrama, 1977.

[10] Bateson, op. cit.

[11] Bateson, op. cit.

[12] E. Pichon.Riviére: Del psicoanálisis a la psicología social, Ed. Galerna, Bs. As., 1971.

[13] E. Paolini: “Consideraciones sobre lo normal y lo patológico en la concepción dia­léctica vincular”, Rev. Clínica y Análisis Crupal, no 13.

[14] G. Jervis,op. cit.

[15] J. Berke, N. Caparrós y otros, Laing. Antipsiquiatría y contracultura, Fundamentos, Madrid, 1975.

[16] Watziawick, op.cit.

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