El grupo visto desde la psicología vincular – Nicolás Caparrós

Portada de Clínica y Análisis Grupal 24

Clínica y Análisis Grupal - 1980 - Nº 24

Año 5 (septiembre-octubre)

La Psicología Vincular trata de abordar al grupo y el vínculo como unidad mínima grupal, a la manera de su propio objeto de conocimiento.
Entre la Psicología Vincular y su correspondiente Psicopatología no existe un hiato tal y como corresponde a la visión tradicional entre normalidad y patología.
    El hombre es y se hace en grupo. Desde este punto de vista, en Psicología Vincular cobra especial interés la relación existente entre grupo actual (manifiesto) y grupo interno. El grupo actual es el que posibilita las situaciones mientras que el grupo interno limita las capacidades concretas de aprehensión de las mencionadas situaciones.
Las formas genéricas de aprehensión por parte del sujeto vienen relatadas en lo que denominamos los Núcleos Básicos de la Personalidad, como otras tantas formas prevalentes de relación que el sujeto exhibe en su comportamiento cotidiano.
    Estas formas de relación son analizadas en su medio habitual: el grupo. Este se convierte en el medio fundante del ser humano y en la manera psicológica concreta de estudiarlo.
    Finalmente el trabajo concluye con una serie de comentarios sobre el grupo como un medio de aprendizaje y de transformación.

   La Psychologie Vinculaire vise le groupe et le vincule comme étant une unité minime groupale, comme si celui-ci fusse son propre objet de connaissance.
   II n'existe pas, entre la Psychologie Vinculaire et son correspondant Psychopathologie, una hyate tel qu'il y a dans le point de vue traditionnel entre normalité et pathologie.
    L'homme, il est et il se fait en groupe. Des ce point de vue, le rapport entre groupe actuel (manifeste) et groupe interne, dans la Psychologie Vinculaire, devient particulièrement intéressant. Le groupe actuel est celui qui fait possible les situations, tandis que le groupe in­terne limite les capacités concrètes d'appréhension des susdits situations.
    Les formes génériques d'appréhension par le sujet sont racontées dans ce que nous appelons les Noyaux Essentiels de la Personnalité, comme autant de formes prévalentes de relation que le sujet montre avec son comportement quotidien.
    Ces modes de relation sont analysés dans son milieu habituel: le groupe. Celui-ci devient le milieu fondant de 1'etre humain et la forme psychologique concrète de 1'étudier.
    Enfin, le travail conclut avec une suite de commentaires autour le groupe comme un milieu d'apprentissage et transformation.

    Bond Psychology attempts to approach the group and the bond as the minimum group unit, as its most suitable object of study.
   Between Bond Psychology and its corresponding Psychopathology, there is not the kind of link as would correspond to the traditional way of viewing normality and pathology.
    Man exists and is born and raised in a group.
    From this point of view, Bond Psychology is especially interested in the relationship which exists between the present manifest group and the internal group. The present group is the one which makes situation possible, while the internal group limits one's capacity of apprehending those situations.
    The generic forms, by which the subject apprehends, can be found in what we call the basic nuclei of personality, as well as in the many other predominant forms of relationship, which the subject exhibits in his everyday behaviour.
    These forms of relationship are analyzed in their natural environment: the group. This group turns into the environment which gives man his roots and becomes the concrete psychological way of studying him.
     Finally, this paper concludes with a series of comments on the group as a way of learning and changing.

El grupo visto desde la psicología vincular

 Nicolás Caparrós 

Epistemología del grupo.— Creemos que no es posible dar una definición de grupo. En este extremo concordamos con Sartre cuando apunta que el grupo no es. “Ante la imposibilidad de la definición del concepto de un ser —continúa— lo más coherente es negarlo” [3].

Pero, al mismo tiempo, el grupo es porque se impone como cosa inmediata. Este carácter de inmediatez no constituye, desde luego por sí solo un conocimiento científico. El grupo es percibido ante todo por sus efectos. Su praxis. No es tan sencillo captar su estructura. Si el grupo actúa como sujeto de una praxis que naturalmente tenderá a la transformación de un objeto, resulta claro que puede ser estudiado desde estos tres puntos de vista.

El grupo como sujeto es una estructura o por mejor decir: es una estructura de estructuras, ya que los elementos que lo componen, los seres humanos, están a su vez estructurados.

La estructura es un sistema que tiene leyes como tal [4]. Estas leyes son específicas para ese ámbito, de aquí que quepa afirmar que las leyes del sujeto--grupo difieren de las leyes sujeto-individuo. Esta circunstancia tiene una gran importancia práctica a la hora de abordar cuestiones en relación con la psicoterapia.

Por otra parte, se sabe que una estructura es una relación y es además una relación de variables (los seres humanos comprendidos en su entorno). La posibilidad de que los elementos del grupo no sean magnitudes discretas sino variables plantea interesantes problemas:

  1. De un lado el grupo puede ser considerado como una función.
  2. . De otro la transformación de las variables no anula el grupo sino que lo transforma en otro grupo distinto.
  3. . La única circunstancia que anula el grupo es la extinción de las relaciones.

Los elementos que constituyen el grupo están sujetos a determinados tipos de relaciones, éstas no se ajustan al modelo termodinámica, como señalan los primeros escritos del Psicoanálisis sino a otro modelo en el que prima el intercambio de información [5]. Esa información provoca dos tipos de relaciones fundamentales en todo grupo: las relaciones simétricas y las complementarias.

El grupo ante su objeto muestra otra serie de características de sumo interés. En los medios psicológicos creemos que el primero que definió claramente el objeto de un grupo fue E. Pichon-Riviére con su concepto de tarea. En efecto, poco podemos decir de un grupo sin caer en la mística si sólo nos referimos a su estructura, ya que esta estructura forzosamente se tiene que organizar para algo y ese algo está fuera del grupo. La existencia de una estructura grupal es una condición suficiente de la existencia de una tarea (dicho de otro modo: siempre que existe un grupo existe una tarea) pero no es condición necesaria ya que la presencia de una posible tarea no exige la existencia de un grupo.

Es claro que existen tipos de tareas que se imponen de manera imperiosa como son todas aquellas que atañen a la supervivencia. En este sentido se cree que la época de los glaciares fue la primera que dio lugar a la constitución de grupos de cierta entidad. La secuencia simplificada pudo ser: hubo tareas que estructuraron grupos y esos grupos estructuraron seres humanos. El grupo es el padre del hombre y no a la inversa.

Finalmente, la praxis grupal es la resultante de la relación sujeto-grupo con el objeto-tarea. Esta praxis modifica tanto al objeto como a la estructura del grupo, vale decir sus relaciones internas. El grupo en la praxis, sigue haciéndose, siendo en cada instante uno diferente.

Por el momento, nos hemos ocupado de los aspectos más abarcativos del grupo, sin penetrar en la cuestión de que existen diversos tipos de grupos. Aquí también las diversas tareas nos serían de utilidad para diferenciarlos. Existen tareas propias del nivel social de integración y otras que pertenecen al nivel psicológico. Las primeras serían objeto de los grupos sociales, que en cierto sentido y como veremos a continuación son grupos de grupos con leyes de mucha mayor complejidad. Las segundas convienen a los grupos psicológicos.

Los grupos psicológicos.Sintácticamente, un grupo psicológico debe poseer una red de comunicación con ciertas características:

a) Es necesaria la comunicación en doble sentido. De A a B y recíprocamente de B a A. Esto no quiere decir que se utilice en ambos casos el mismo sistema comunicativo. Así por ejemplo, A puede hablar a B y B mirar silencioso a A.
b) Al menos potencialmente, esta comunicación debe poder ser hecha de manera casi simultánea entre todos sus miembros. A, B, y C tienen la posibilidad de intercambiar información sincrónicamente.

Estas características de la red nos llevan obviamente a la conclusión de que los grupos psicológicos han de ser numéricamente pequeños.

Desde el punto de vista semántico, será precisa una concordancia entre lo real y lo simbólico que permita el acceso de lo imaginario de cada integrante.

Finalmente, desde la pragmática la conducta es asumida por el conjunto de individuos como algo comprensible, directamente emanado de su pertenencia al grupo.

El grupo desde la perspectiva vincular.- Hemos comenzado por esbozar ciertas propiedades del grupo psicológico desde la teoría de la comunicación, propie­dades que por cierto, están interrelacionadas entre sí, porque de esta manera podemos tratar el grupo desde la perspectiva vincular.

    En el grupo psicológico la relación dialéctica es del género:

SUJETO—GRUPO PSICOLÓGICO—TAREA

    Mientras que en el grupo social la relación es:

SUJETO-GRUPO PSICOLÓGICO - GRUPO SOCIAL - TAREA

La secuencia en el segundo caso es más dilatada, con lo que las posibilidades de alienación en el segundo tipo de tareas aumentan.

Cuando centramos nuestra atención en el VINCULO primamos las relaciones sobre los contenidos:

  • Cómo se relaciona el sujeto con el grupo.
  • Cómo se relaciona el grupo con la tarea.

La división entre contenidos y relaciones no es nueva en teoría de grupos, si bien en la mayoría de las ocasiones no se formula con claridad. Ya Bion establece la distinción entre grupo de trabajo o sofisticado y grupo de supuesto básico [6]. En el primer caso el análisis recae sobre todo en lo digital mientras que en lo segundo el acento discurre hacia lo analógico. Se trata también de una distinción, quizás en extremo rigurosa, entre lo pragmático y los obstáculos que se oponen a esa pragmática.

La división de Bion puede ser útil a efectos didácticos así como también si trabajamos el grupo desde una óptica funcionalista. No lo es encualquier otra circunstancia.

Cuando trabajamos grupos desde la psicología vincular nos encontramos claramente con obstáculos epistemológicos que otros enfoques evitan. Trataremos de enumerarlos siquiera sea brevemente haciendo mención de pasada a los respectivos planteamientos psicoanalíticos por ser éstos los de más arraigo.

1° La tarea terapéutica individual y la tarea terapéutica grupal.

La psicoterapia individual y de entre las psicoterapias individuales el psicoanálisis, representan la mínima expresión del grupo: la diada. La diada y el tercero fantasma. La tarea terapéutica de este grupo coincide, y esto es muy importante, con la propia estructura del grupo y su desarrollo dinámico.

En otras palabras: se trata de una tarea interna. Es un grupo que se constituye para poder seguir constituyéndose. No otra cosa significa el despliegue actual del juego transferencia contratransferencia y en él las fantasías arcaicas.

La psicoterapia grupal, por el contrario, propone una tarea de índole menos inmediata. Si antes nos encontrábamos con las resistencias como impedimento para el análisis, ahora nos tropezamos con la diversidad de contenidos biográficos [7]. ¿Se puede, preguntamos, hacer una interpretación a partir de los contenidos que interese a la totalidad del grupo? En nuestra opinión, la respuesta es negativa. No, al menos en circunstancias habituales.

Desde la perspectiva vincular pensamos que los contenidos son supraestructurales y por lo tanto poseen una infinita variedad en lo episódico. Mientras que, por el contrario, las relaciones presentan una serie de modalidades más limitadas y por tanto susceptibles de colectivización inteligible. En ese mismo sentido se ha expresado el psicoanálisis al definir determinados mecanismos de defensa en contraposición a la riqueza ilimitada de situaciones en los que pueden emplearse.

Estas reflexiones nos llevan a afirmar que dados dos contenidos aparentemente iguales como pueden ser la dependencia de la familia, cabe la posibilidad que su elaboración psíquica sea polarmente distinta y a la inversa: dos accidentes biográficos disímiles, un aborto y una ruptura de pareja, confluir en el común de dos elaboraciones iguales.

La tarea terapéutica grupal se funda en el análisis de las relaciones, no en la homogeneidad de los contenidos.

2° La diferencia de los métodos.

Pero si los contenidos no se constituyen en la materia prima de análisis, entonces las diferencias entre terapia individual y terapia de grupo se agrandan. El contenido que la psicoterapia de grupo debería analizar es la situación grupal. La situación grupal es algo creado ahora. Guarda cierto paralelo con el negó transferencial pero no es lo mismo. Para señalar una diferencia nos basta con recurrir a cosas dichas anteriormente. Así en la psicoterapia individual la relación entre grupo interno — resistencias — transferencia es inmediata, mientras que en la psicoterapia grupal la relación es del tipo grupo interno — resistencias —grupo real (relaciones simétricas) — transferencia. La explicitación de los inconscientes individuales pasa por el Intente del grupo antes de que se pueda acceder a la transformación manifiesta de las conductas.

Si todo lo dicho es cierto, los métodos han de ser diferentes. En el psicoanálisis el procede" primordial es deductivo. Dado el dato genérico aparece después la cadena asociativa en concreciones cada vez más peculiares hasta dar con las secuencias más íntimas, más irrepetibles de la biografía.     Hasta llegar a las primeras elaboraciones psíquicas defectuosas, que implicaron fijaciones, desplazamientos, etc, etc. Sólo más tarde se da el paso inverso y se infieren por medio de la interpretación-insight las posibles conductas, actuales o potenciales que vienen lastradas por los aprendizajes primigenios.

En la psicoterapia de grupo los diversos aportes manifiestos de cada integrante han de ser tomados como piezas de una relación actual, salvo que se pretenda efectuar sucesivas psicoterapias individuales en la presencia de los otros. En la metáfora cabría decir que el individuo es el ello del grupo y que como tal ello el conjunto de sus manifestaciones han de ser tenidas en cuenta como si de un sueño se tratase. Un sueño opaco.

El proceso primario del grupo es hacer diáfana la relación. Qué ha hecho posible que yo —integrante del grupo— me manifieste aquí y ahora y de la manera en que lo he hecho. Qué información subliminal he recibido para que haya sido posible, en fin: cómo ha sido elaborado por los otros y qué feedback están emitiendo.

Las resistencias actúan en el grupo ciñéndose fielmente a lo manifiesto y de entre lo manifiesto a sus aspectos más aparentes: los contenidos. Pero en la comunicación de cualquier hecho se está dando a la vez una posibilidad correctora de los integrantes.

La inducción tiene lugar a partir de la a-historia de la situación grupal que como situación nueva posibilita asociar no ya a partir de los propios contenidos sino desde los contenidos que tomamos prestados de los demás. Se trata ahora, y la situación es inversa a la propiamente analítica, de inferir desde el análisis de la situación actual que aparece como primer elemento de la cadena de significantes, no ya las secuencias arcaicas sino las situaciones futuras. El grupo es una situación terapéutica que se fundamenta en lo prospectivo.

Supongamos, por ejemplo, que alguien en el curso de una sesión expresa “miedo a quedarse solo”. Se trata, obviamente de un contenido concreto que pertenece a su propia biografía. No nos detenemos ahora, por ser sobradamente conocido, cuál sería el proceder psicoanalítico en una sesión individual, así como tampoco cuál sería el manejo de esta situación en un grupo de orientación primordialmente analítica. La primera reflexión que nos tenemos que hacer es que esta confesión ha sido efectuada en una determinada situación, fía sido posible precisamente ahí, inclusive a partir del silencio de los demás que la han permitido siquiera sea de una manera física.

Hasta aquí tenemos en bruto la expresión de la relación entre Grupo interno — resistencias — grupo real. Falta la elaboración del grupo y el análisis de la transferencia.

Con este mensaje, la situación pasa a ser automáticamente otra. Supongamos ahora que alguien, desde el silencio de los demás prosigue como si se tratara de otro capítulo, relatando sus problemas de pareja. Es evidente que se trata de otro contenido y que en este caso no resulta fácil establecer una conexión inmediata contenido — contenido, como hubiera podido darse si esta segunda persona nos hubiera hablado de que también tenia miedo a la soledad. Sin embargo, algo muy simple pero no excesivamente claro ha sucedido: La información que el primer sujeto ha proporcionado permite al segundo saber que existe una situación en la que se pueden dar informaciones. Apoyado en eso yo como terapeuta puedo a continuación señalar que el primer mensaje no fue aparentemente escuchado y como pese a todo fue seguido de un segundo y pedir asociaciones desde esta situación peculiar en la que hay espacio para decir pero no para escuchar. Esta última situación es abarcativa y se ha realizado una inferencia. Hemos discurrido desde lo particular a lo general.

Con el producto de la cadena asociativa —de índole inductiva—podremos pasar a momentos deductivos más concretos, con la característica que cuando esos momentos lleguen serán a partir de una situación grupal compartida y señalada y no como instantes sucesivos de análisis. Se ha dicho, por otra parte que se hace inducción cuando faltan elementos para realizar deducciones. Pues bien, en nuestra opinión eso es lo que precisamente sucede en el grupo, que sólo permite hacer un trabajo deductivo una vez que han sido señaladas convenientemente las situaciones grupales.

3º Diferencia de Concepciones Teóricas

Si antes hemos referido la primacía del método inductivo frente al deductivo en la psicoterapia de grupo es lógico que lo intentemos sustentar también en una distinta concepción teórica. La deducían presupone si se lleva a ultranza que todos los elementos a trabajar están ya en el grupo. La inducción, por el contrario, por esencia afirma que hay elementos que el grupo no posee aún. Esto nos obliga a referirnos de nuevo al concepto objeto-tarea y en el caso más concreto de la psicoterapia de grupos al objeto-tarea terapéutica.

La tarea terapéutica no viene impuesta por la voluntad del terapeuta sino que es producto de las situaciones generadas por el grupo junto con las intervenciones del terapeuta. La tarea terapéutica en sí misma es una inducción—hay otros tipos de tareas no terapéuticas que permiten a partir de ellas deducir una praxis y una estructura grupal, pero éste no es el caso.

Ello nos lleva de nuevo a confrontarnos con ciertas derivaciones del psicoanálisis: El grupo carece de inconsciente. Existen inconscientes individuales. El grupo presenta latentes. Cualquier analogía entre latente —grupo e inconsciente — — individuo resulta peligrosa.

“Lo reprimido es para nosotros el prototipo de inconsciente” dice Freud [8]. Lo reprimido es el resultado de un tipo peculiar de relación entre el Yo el Ello y el Superyó, mientras que lo latente se refiere a contenidos no explícitos, ligados a un modo de relación del grupo. Esto da lugar a todo tipo de combinaciones posibles, así por ejemplo: un individuo puede tener contenidos inconscientes homosexuales y ser a la vez latentes en el grupo las vicisitudes de su relación con los demás miembros.

La relación y en particular la relación transferencial plantean posibilidades inéditas. En la relación psicoanalítica, mal llevada al grupo sin modificaciones, el encuentro terapeuta-paciente con el tercero fantasma permite a través del simbolismo de la palabra distribuir y elaborar en su caso la ansiedad.

Las pulsiones son reelaboradas con sus afectos [9]. En el grupo las cosas suceden de manera diferente:

a) Existe un tercero real
b) Junto con la relación asimétrica terapeuta —paciente, aparece la relación simétrica entre los integrantes.
c) Además de la palabra como medio de simbolización y de trabajo surge la acción. La acción como objeto de análisis y la acción como instrumento terapéutico.
d) Tampoco se puede hablar de pulsiones grupales sino de objetos de deseo del grupo [10].

4° Diferencia de técnicas.

Si centramos nuestra atención en el grupo, que vale tanto como decir en el vínculo es claro que muchos de los elementos que habitualmente se emplean como técnicas en la psicoterapia individual aquí tendrán otro valor o absolutamente ninguno. Recíprocamente será posible utilizar instrumentos nuevos carentes de eficacia en el encuentro individual.

Trataremos de referirnos a unos y otros en forma sucinta.

a) Si partimos de la hipótesis de que en el trabajo grupal por antonomasia aparece en primer lugar un momento inductivo (multiplicativo) y un momento segundo deductivo (reductivo), los instrumentos habituales heredados del psicoanálisis, llamados señalamiento e interpretación cobran un valor distinto.

En el proceso multiplicativo la interpretación (por definición deductiva) sabotea el proceso grupal para detenerse a medio camino en cualquiera de los integrantes. Esto es lo que ocurre en la psicoterapia del individuo en el grupo. Este es el caso de Slavson cuando refiere: “Con mucho es un error hablar del grupo como una entidad en terapia, es siempre el individuo y no el grupo como tal quien permanece en el centro de la atención terapéutica” [11].

La interpretación será pertinente una vez realizada la fase multiplicativa. Entonces la interpretación cobra un doble valor: de un lado es la interpretación de la escena grupal, y a la vez la concreción de esta escena en el individuo. La frase de Slavson si fuera cierta nos tendría que llevar consecuentemente a la abolición de los grupos, porque si el grupo no permite recoger al individuo sino que éste se impone al grupo lo razonable es permanecer siempre en la psicoterapia individual.

En lo que respecta al señalamiento, pensamos que mantiene todo su valor en cualquier parte del proceso grupal por lo que representa de ayuda para que el grupo identifique las escenas.

Terminamos este apartado apuntando que no nos; parece correcto hablar de señalamientos o de interpretaciones grupales sino de señalamientos o interpretaciones de situaciones grupales. Tema que por otra parte ya fue entrevisto por K. Lewin.

b) Como elementos técnicos si no inéditos por lo menos poco explorados aparecen en las técnicas de grupo sobre todo el warming y la consigna. Ambos dos están involucrados con la utilización de técnicas activas y no en vano ha sido el psicodrama el primero en emplearlos.

Entendemos por warming a un conjunto complejo de factores. El warming tiene que ver con el ritmo como terapeuta grupo. En otras palabras con una aprehensión por parte del terapeuta de cuáles son los ritmos del grupo. Tiene que ver también con una correcta lectura del proceso inductivo del grupo, es decir, sólo hay warming cuando entre mi problema y tu problema hay establecida una relación.

En el warming aparecen, por lo tanto aspectos relacionados con la estructura actual del grupo, con su praxis posible y con su nivel de sutura presente con la tarea terapéutica.

A nuestro juicio, como concepto inseparable del anterior surge la consigna. Definida superficialmente la consigna viene a ser una propuesta efectuada por los terapeutas al grupo para que éste realice determinada conducta. Obviamente este pedido viene dictado por una lectura previa del latente grupal. Para que la consigna sea correcta precisa de haber respetado previamente el warming, circunstancia que por otra parte también concurre en la interpretación.

La consigna viene a ser una interpretación en la acción. El lugar de privilegio de la acción es el grupo. Salvo que apoyemos una mística de los grupos cabe esperar que los terapeutas introduzcan modificaciones con sus técnicas en la marcha “natural” del grupo. Esto, quiérase o no sucede en todo tipo de psicoterapia de una u otra manera. La consigna marca puntos de inflexión en el proceso grupal y desde este punto de vista sustituye muchas veces, a nuestro modo de ver, a la interpretación sobre todo en la fase inductiva del grupo, cuando la consigna representa el paso más con el que se habrá de confrontar la situación grupal actual.

A Modo de Conclusiones

Como hemos visto en estas breves notas, el grupo psicológico estudiado desde la psicología vincular privilegia los aspectos relaciónales sobre los contenidos. Los contenidos de que nos ocupamos preferentemente son las consecuencias engendradas por las relaciones actuales del grupo. Las diferencias existentes entre las conductas actuales y los modos de relación arcaicos de los miembros son los elementos que ponemos en contraposición como muestra palpable de que el aprendizaje grupal está en marcha.

    En nuestra experiencia hemos visto que no es necesario contraponer de manera antagónica la psicoterapia individual con la de grupo sino que cada una de ellas tiene sus indicaciones y, lo que es más, sus momentos oportunos. De hecho cada vez se nos impone más la idea de complementarlas sin detrimento de ninguna.

Al psicoanálisis le ha costado mucho tiempo dejar de analizar todo cuadro psicopatológico a la imagen y semejanza de la histeria. Cuando lo hizo pudo penetrar en el campo de las psicosis. De la misma manera la visión psicoanalítica, siendo un precioso auxiliar, no basta para comprender esta materia nueva que son los grupos.

Notas a pie
[3] En A. García Hoz “El significado actual de Bion y Sartre en la psicoterapia de grupos”, Rev. Clínica y Análisis Grupal, nº 12, l978.
[4] Piaget, El estructuralismo.
[5] P. Watzlawick y otros. Teoría de la comunicación humana, l971.
[6] W.R. Bion, Experiencias en grupos, 1976.
[7] N. Caparros, “La tarea terapéutica”, Rev. Clínica y Análisis Grupal no 11, 1978.
[8] S. Freud., El Yo y el Ello, 1923.
[9] S. Freud, Interpretación de los Sueños, Introducción al Psicoanálisis.
[10] En este sentido cabe interpretar el rédenle libro de O. Sibony, Le groupe inconscient, 1980.
[11] Slauson, An Introduction to Group Therapy, 1943.

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