¿Qué se entiende por ser psicoterapeuta?
Cuando nos preguntamos acerca de nuestra práctica profesional (la psicoterapia) podemos recurrir a definiciones más o menos neutras, oficiales, políticamente correctas o de consenso. Sin embargo, a poco que ahondemos en la pregunta, siempre emerge la cuestión no solo de lo que hacemos (hacer psicoterapia), sino de lo que somos (ser psicoterapeutas).
Esta palabra, ser, no deja de remitir a una realidad o a una identidad y nos conduce al debate entre cualidad y profesión. Muchas pueden ser las respuestas: una categoría ontológica, una convicción interna, la conciencia que un individuo tiene de sí mismo frente al otro (o al Otro), o la forma en que cada uno se piensa y se define en su práctica. Todas ellas contribuyen a revelar la complejidad de este concepto.
En cualquier caso, y en tanto que estamos continuamente en acción, estas reflexiones sobre el ser nos llevan inevitablemente a pensar también en nuestro hacer y en las consecuencias de nuestra práctica.
Siendo habitual que los congresos sean espacios donde comunicar logros, avances y experiencias exitosas, en esta ocasión proponemos dirigir la mirada hacia aquello que suele permanecer en segundo plano: la autocrítica, la culpa, la incertidumbre, el error, la contratransferencia, la yatrogenia o la ética de nuestra práctica. Fenómenos y experiencias que con frecuencia se viven en soledad y oscilan entre la excesiva autoinculpación y la negación defensiva.
Nuestra propuesta es pensar estos fenómenos no únicamente como dificultades de la práctica clínica, sino también como emergentes en la relación terapéutica y, por tanto, como oportunidades para ampliar la comprensión del vínculo, del paciente y de nosotros mismos como terapeutas.
