Las escenas temidas de un coordinador de grupos – Pavlovsky, Frydlewsky y Kesselman

Clinica 1 copia

Clínica y Análisis Grupal nº1

1976- Vol. 1 (1), Pags. 001-009

Resumen

Los autores plantean un método de formación para coordinadores de grupo. Este método centra sus operaciones sobre la persona misma del coordinador, invitándolo a trabajar en compañía de otros coordinadores que tienen sus mismos objetivos, en un seminario investigativo sobre el tema: escenas temidas.

El entrenamiento propone técnicas para la toma de conciencia de las situaciones conflictivas que cada uno debe sobrellevar en la práctica cotidiana y a estas situaciones las denominan: escenas temidas.

Estas escenas temidas de su quehacer profesional son encubridoras de escenas conflictivas que le hacen eco, y que corresponden a su historia personal, a las que denominan escenas consonantes o escenas familiares consonantes.

El trabajo psicodramático y con técnicas de laboratorio al que se someten estas escenas, las transforman en escenas resonantes. El conflicto de cada participante es protagonista y resuena en cada compañero de trabajo. Cada participante puede volver a su escena temida desde este tratamiento de la misma, abierto a un nuevo repertorio de conductas y defensas alternativas hacia el mismo miedo, configurando una escena final: la escena resultante, que surge como resultado del tratamiento grupal de las escenas temidas consonante y resonante.

El tratamiento ha consistido en una multiplicación activa del miedo inicial, en lugar de reducirlo a una fórmula interpretativa.

Este es el camino propuesto para cumplir con la hipótesis fundamental del trabajo: el coordinador debe entrenarse para aprender a entrar y salir grupalmente de sus «escenas temidas», al tiempo que desea ayudar a sus coordinadores a entrar y salir grupalmente de sus respectivas «escenas temidas».

Summary

The authors plan a formation method for group coordinaters. This method locales Its operations about the person of the coordinater himself, inviting him to work in the company of others. That are going to be coordinate, with the same objectives, in an investigating seminar about the following topic: dreaded scenes.

These dreaded scenes that appear in their professional dealings are covered by conflictive scenes that are reflected, are corresponded to their personal history, as an echo, they are called consonous scenes or consonous familiar scenes.

The psychodramatic work to which these scenes are subjected with laboratory techniques transform them into resonant scenes. The conflict of each member is depicted and reiterated in each member of the group. Each member of the group can return to his dreaded scene from this same treatment, open to a new repertory of behaviour and alternative defence, to the same fear with a final result; this result scene, which comes as a result of the group treatment of dreaded scenes consonous and resonant.

The treatment has consisted on an active multiplication of the inicial fear instead of reducing it to an interpretative formula.

This is the proposed way to carry out the fundamental hypothesis of the work: the coordinater must get train to learn how to get in and out of the dreaded scenes, at the same time that he wishes to help the ones that have been coordinated to get in and out of a group of their respective dreaded scenes.

Las escenas temidas de un coordinador de grupos

Eduardo Pavlovsky, Luis Frydlewsky y Hernán Kesselman

Nuestras experiencias de autogestión relatadas procedentemente (2) nos llevaron a pensar que, de la forma en que veníamos explorando y trabajando los autores de este libro, podíamos realizar esa misma exploración dirigiendo una experiencia con coordinadores de grupo que estuviesen interesados en profundizar esta línea de investigación. A tal efecto, propusimos dirigir un seminario de investigación de escenas temidas para veinticuatro coordinadores de grupo, donde cada participante pudiera, trabajando en conjunto y en pequeños grupos, estudiar sus escenas temidas y las de sus compañeros de seminario y concebimos un método de trabajo para entrenar a cada coordinador en sus posibilidades de entrada y salida de situaciones regresivas que lo comprometen habitualmente en el desempeño de su tarea.

Nos ofrecimos a estudiar sus miedos habituales en su desempeño como coordinador, sus mecanismos defensivos con los que lucha contra estos temores, la toma de conciencia de las relaciones entre éstos y sus miedos personales, históricos, con los que él puede asociar sus miedos profesionales; la forma en que es capaz de trabajar dramáticamente estos miedos, con la ayuda de otros que están en su misma búsqueda, cuyas intervenciones le dan un repertorio alternativo más rico y amplificado para operar nuevamente con esos miedos en su vida cotidiana profesional. Es decir, nosotros centramos toda la actividad exploratoria sobre la persona del Coordinador. Y decimos esto, porque es, según nuestra opinión, el camino más original que transita este libro, dentro de las bibliografías especializadas en coordinación grupal, donde el acento está puesto sobre los coordinados (cómo son, cómo interactúan, cómo se relacionan con el coordinador) o sobre la situación grupal (cómo se desarrolla la sesión, qué técnicas deben emplearse, durante cuánto tiempo, etc.) (3).
Cada corriente de la Psicología Social psicoanalítica o no) tiene su método, el cual es ejercido por el coordinador, según su teoría y técnica, para provocar la entrada en regresión de los integrantes de un grupo con el objeto de movilizar estereotipos de conducta y también tiene sus recursos para provocar la salida de la regresión o progresión de dichos integrantes. Estos métodos varían según la escuela de que se trate. Las escuelas psicoanalíticas inglesa y americana, por lo ya visto, y que mayor influencia han tenido en nuestro país, operan en forma diferente.

La escuela psicoterapéutica analítica inglesa (Bion) propuso formar al coordinador entrenándolo en las habilidades que puede desarrollar al observar el efecto regresivo colectivo que el «aquí y ahora» de la dinámica situacional produce en cada paciente (coordinado) y propone que el coordinador aprenda a construir y formular interpretaciones verbales sobre las ansiedades básicas y las formas de relación entre sí y con el coordinador, como un instrumento para sacar a todos y, por lo tanto, a cada uno de los participantes, de la regresión a la que había ingresado de conjunto. El conjunto de participantes es tratado como las partes de una guestalt que configura una especie de gran bebé en relación con un adulto con el que crece, que es el terapeuta o coordinador.

La escuela de Psicología Dinámica americana (Laboratorio Social, técnicas de acción, Slavson, etc.) trata de gestar «climas» entre sus participantes, conducidos por coordinadores que realizan un tratamiento de cada caso individual «en público». Propone que el coordinador se prepare en la capacidad de conducir al grupo de tal manera que el conjunto de los integrantes tienda a sumirse junto con uno de ellos (el que «plantea el problema personal») utilizando juegos dramáticos, consignas lúdicas e interpretaciones dirigidas «a la persona» para acompañarlos así en la salida de la regresión.

Nosotros en cambio queremos proponer la formación del coordinador de grupos entrenándolo en la toma de conciencia que éste puede adquirir, asociando las escenas conflictivas de su historia profesional con las escenas conflictivas de su historia personal y que suponemos que forman el substráete bloqueante de su capacidad técnica (personal) para coordinar grupos. Los ubicamos en compañía de otros coordinadores apasionados en esta misma búsqueda y tratamos de producir en cada uno una regresión «in situ» que puede llegar a superarse, según nuestra idea, a través del conocimiento profundo (enriquecido) de dicha situación para que, cuando vuelva a encontrarse con ella nuevamente, una vez terminado el seminario, pueda contar con un repertorio de conductas alternativas para operar eficazmente como coordinador grupal, configurando una verdadera espiral dialéctica del aprendizaje en su vida de coordinador de grupos que se concibe por el eslabonamiento de unidades de trabajo a las que llamamos escenas (temidas, consonantes, resonantes y resultantes). Cada eslabón (escena) representa una hipótesis fundamental de partida para nuestro método de trabajo y por eso las describimos cronológicamente a continuación.

Hipótesis Fundamentales: El sentido de las escenas

a) Las escenas temidas:
Hemos dicho ya que un coordinador de grupos si se encuentra en un grupo de colegas que se dispongan para ello, cuenta con un marco de adecuada seguridad psicológica como para revisar «como en casa» los momentos difíciles más habituales por los que debe pasar durante su ejercicio en el desempeño profesional del rol. Es posible entonces, con este marco adecuado, ponerse a charlar, a «sacar los propios trapitos al sol» y a confesar temores y dificultades habituales cuya dimensión compartan algunos y que en cambio hagan reír a otros para quienes dicho temor no es importante, ni habitual y si lo es, es fácilmente controlable.

Cualquiera de los que está leyendo estas líneas, si es coordinador de grupos o piensa serlo, se le ocurrirán ya, seguramente, momentos embarazosos o «terribles» por los que suele pasar o teme que le vayan a pasar. Hasta es posible pensar en esos problemas que uno suele enfrentar, pero que nos dejan con «la espina» de si no podríamos haberlos enfrentado con otro estilo o inclusive ciertas situaciones donde como coordinador puede «engranarse», como se dice habitualmente, con ciertos temas del grupo o con ciertos pacientes que plantean mensajes que por alguna razón nos «mueven el piso».

Estos momentos, imágenes conflictivas de nuestra vida profesional pueden formar un repertorio de momentos o imágenes capaces de ser especializadas y representadas dramáticamente en forma de escenas.

Esas escenas a las que llamamos «escenas temidas» del coordinador de grupos pueden quedar como secretos o misterios de cada coordinador; ser objeto de confesión amistosa y de bromas graciosas sobre la psicopatología de ia vida cotidiana de los coordinadores de grupo o, por el contrario, convertirse en objeto de profundización y en una verdadera oportunidad de cambio y aprendizaje para cada coordinador. En este último sentido, si esta escena temida es representada dramáticamente bajo la guía del propio interesado en estudiarse a sí mismo, llegamos al momento objetivado en otros de su propia dificultad. Si allí nos detenemos, el camino es abierto por una pregunta que se viene sola: esta escena temida para este coordinador, ¿qué está encubriendo de él mismo?; es decir, ¿de qué escena latente de la vida personal del coordinador es representante y a la vez encubridora, esta escena temida de su quehacer profesional?

b) Las escenas consonantes:

La escena temida es utilizada como «vía regia» para llegar al inconsciente del coordinador de grupo. Si se invita al coordinador en cuestión a asociar ideas, realizar soliloquios asociativos y, en una palabra, a aislarse momentáneamente en compañía de los otros, pero en un ejercicio de introspección regresiva, de viaje hacia su propia historia, en un retroceso en una regresión«guiada» por el conductor del ejercicio sobre sus propios momentos vitales que«hagan eco» con el afecto de la temática planteada en la escena temida, es posible rastrear alguna o algunas escenas (usualmente escenas de su vida familiar) que por vibrar tan parecido con la «escena temida» la llamamos escenas consonantes (o escenas familiares consonantes).

Estas escenas pueden también, como las temidas, ser representadas dramáticamente con la participación del protagonista y con nuestra conducción.

Y nos preguntamos entonces ahora, ¿qué conviene hacer desde esta escena?, ¿cómo seguirla trabajando para que adquiera más profundidad didáctica?; es decir, ¿cómo tratar esta regresión que hemos intentado producir en el protagonista, para que le permita a éste salir provechosamente, o  sea, aprendiendo, de esta regresión?

c) Las escenas resonantes:

Nuestra formación como psicoanalistas «individuales» nos enseñó cómo hacer para encontrar más profundidad frente a estos momentos. Aprendimos a centrar cada vez más el foco de nuestra lente de inspección de conductas a través de la interpretación transferencia!, la cual deja un poco borrosas las imágenes multipersonales para descubrir las relaciones prehistóricas o más antiguas (cuerpo-útero, boca-pecho) que subyacen a cada Vínculo multipersonal. Profundizar es, para esta técnica analítica, ir despejando recuerdos, imágenes, escenas que encubren las imágenes fundamentales (más primitivas) de nuestra conducta (escenas o recuerdos encubridores).

Sin embargo, en nuestra formación como psicoanalistas de grupo, la influencia de las técnicas psicodramáticas y de acción, nos enseñaron el beneficio de la apropiación de cada escena personal por el conjunto de un grupo, para acceder también, por ese camino, a la profundidad del sujeto.

Por ello concebimos la posibilidad de transformar esta escena consonante en un medio de trabajo para cada integrante del grupo, bajo la conducción y las sugerencias del director de las dramatizaciones (uno de nosotros). Le pedimos entonces al protagonista que le «preste» la escena a los demás, para que «circule» (4) libremente por el grupo. Tomamos cada «trozo» de la escena para sacarle algo así como una fotografía amplificada, de tal manera que en lugar de reducirse a las relaciones prehistóricas esta escena comienza a multiplicarse, a enriquecerse con la mirada, el oído, las actitudes y las palabras de los otros. Como en esos salones de parque de diversiones, llenos de espejos que nos devuelven nuestra imagen exagerada, caricaturesca en distintos puntos de nuestro esquema corporal, causándonos miedo a veces, risas otras veces, pero donde cuesta reconocer la imagen que nos devuelve todos los días el espejo plano y que, sin embargo, nos representa.

La escena consonante, así representada y trabajada, con la multireso-nancia del conjunto permite llegar a una guestalt básica, pluridimensional y totalizante que se contrapone a la visión monocular y parcializadora del protagonista en los momentos en que éste se encuentra examinándola aisladamente. Rompe de esta manera su bloqueo narcisístico, su propia y repetida «novela» y le obliga a elaborar el duelo por la pérdida de este estado que le es antiguo y permanente, proveyéndolo de nuevas perspectivas con las que se dirige nuevamente a examinar sus «escenas temidas».

Las escenas así tratadas dejan de ser solamente encubridoras, para transformarse en «descubridores» y para formar como en un rompecabezas que se vuelve a armar en conjunto con la resonancia en los otros, esta nueva escena mutativa: la escena resonante.

Pongamos un ejemplo a esta altura, para graficar mejor las ideas que venimos exponiendo: Horacio, el director del trabajo (uno de los autores de este libro), reúne a un grupo de coordinadores de grupo (Alberto, Pedro, Lucía, Rosa, José, Carlos, Betty y María) para trabajar sus escenas temidas. Alberto se propone como protagonista para«prestar» al conjunto una de las escenas temidas que recuerda desde su papel de coordinador de uno de sus grupos terapéuticos.

Esta escena es representada por Alberto y el resto de sus compañeros, en un juego de roles, para lo cual ha reconstruido un momento habitual que le preocupó en su vida profesional. Durante el mismo, explica la situación a representar. Pedro y María, miembros silenciosos, contemplan cómo discuten Lucía y José, que no están de acuerdo con la actitud «individualista y egoísta» de Betty,

Rosa y Carlos, que quieren«acapararse» a Alberto, el coordinador del grupo. Esa situación es un momento vivido por Alberto en la realidad de su vida profesional. Es una de sus «escenas temidas». Los «actores» así dispuestos, adoptan una posición que recuerda un momento de la sesión de uno de los grupos terapéuticos coordinados por Alberto.

En determinado momento de la representación, Alberto interpreta la discusión como una forma que el conjunto realiza para evitar entrar en tarea correctora. De pronto, airadamente Betty (respondiendo a una consigna que le fue suministrada previamente), encara directamente a Alberto y lo hace responsable de esta situación y comienza a disparar sobre él un andanada de reproches («la culpa es de usted por hacernos llegar a esta situación, por llegar tarde a las sesiones en numerosas ocasiones, por no saber distribuir equitativamente las interpretaciones, por no haber sabido seleccionar adecuadamente las personas que componen el grupo, etcétera»).

Alberto comienza a enrojecer, transpira frío y, conteniéndose lo más que puede, balbucea una interpretación que no detiene para nada las andanadas que sobre él descarga Betty.

En ese momento se da vuelta e interrumpiendo la dramatización se dirige al director de la misma, Horacio, y le dice: Bueno. Esto es muy temido para mí. Podría seguir un poco más, pero se repetiría esta sensación. Es su escena temida y su forma habitual de reaccionar frente a la misma.

Horacio, el director, le pide entonces que desde su rol, en ese momento, realice un soliloquio sobre el asunto. Alberto se toma las manos, entrecierra los ojos y comienza a «pensar en voz alta»: «¡En que lío me he metido! Cómo voy a salir de ésto. Creo que ella tiene mucha razón, pero no sé cómo seguir.

Lo que ella me hace y me dice, me mueve tanto el piso, me da taquicardia, “me engrana”. Pierdo el control sobre mí mismo y siento que lo pierdo sobre el grupo también. Sólo atino a hacer alguna interpretación que me suena a auto-justificación de esos reproches o sino voy a quedarme callado y no contestar». Es su escena temida y su forma habitual de defenderse contra la ansiedad que ésta le provoca.

A partir de este soliloquio se discute de conjunto el título de esta escena temida hasta que Alberto propone uno que le parece el más representativo: «Los reproches me vuelven loco».

Horacio se acerca a Alberto y le pide entonces que se disponga a «viajar hacia su historia» con los ojos cerrados para no recibir los estímulos visuales de los otros, a quienes se les pide silencio.

También le sugiere que busque y rebusque en el «arcén de sus recuerdos» alguna escena que le «suene» similar a la que se representó.

Alberto va pensando en silencio hasta que comienza a hablar, describiendo, a pedido de Horacio, la escena que le ha aparecido.«Estamos sentados a la mesa con mis padres y mis hermanos. Yo llegué último y me senté a comer. Estaba apurado para ir a la cancha. Mientras el resto comenzaba a desdoblar las servilletas yo tomo un trozo del pastel de papas y lo pongo en mi plato. Mi hermano chilla diciéndome que soy un avivado. Yo me río. De pronto mamá y papá se ponen a discutir acaloradamente por mi culpa. Papá se va de la mesa. El resto se queda callado.

Mamá me mira con los ojos cargados de reproche. Gotea. Me dispara primero algunos «balazos de agua y sal» y me dice: ¿te das cuenta de lo que hiciste? Todavía que llegas tarde como siempre. ¿Te das cuenta lo que hiciste?

Yo me voy achicando en la silla, intento decir: «¿pero la mesa no es para servirse la comida y comer? Yo creía que... Y luego seguíamos todos comiendo en silencio, menos mamá y papá, que ya no se hablaban y tampoco comían con nosotros».

Horacio le pide a esta altura a Alberto que abra los ojos del todo. Ya está planteada la escena consonante (escena familiar consonante).

Horacio le propone a Alberto que distribuya entre sus siete compañeros los roles protagonistas para representar esta escena familiar consonante.

Algunos hacen de padres, otros de hermanos, Alberto se representa a sí mismo, otros observan o se prestan como yo-auxiliares, mientras Horacio anuncia el comienzo de la representación de la escena.

El tema comienza a circular entre los participantes y comienza a resonar en sus interiores, se multiplica hasta el infinito como un gran amplificador de sonidos y de imágenes. Como el fotógrafo de Blow-up, Horacio va acelerando la multiplicación y el agrandamiento de cada trozo de la escena familiar, con inversiones de roles, soliloquios, duplicación de imágenes, espejos, etc.

La madre, hada protectora y bruja temida, adquiere múltiples significados, en lugar de reducirse a dos imágenes: la buena y la mala. Múltiples hadas y múltiples brujas aparecen en la imagen materna, nutritiva y reprochante. Diversas formas de ausencia multiplican la imagen del padre que se va, de los hermanos, y entonces aparecen también múltiples comportamientos posibles para Alberto: una para cada imagen diferente. Es decir, se va incorporando en Alberto un repertorio enriquecido de respuestas posible frente a la situación inicial hasta llegar a un climax de resonancias que completan una gran escena (integración en una sola guestalt, como diríamos en música de variaciones sinfónicas sobre el mismo tema: el reproche), que contiene la totalización de los miedos posibles y de las defensas posibles contra estos miedos, en este tema que lo enloquece en su vida profesional: el reproche. Es la escena resonante.

Esta totalización, al ser internalizada por Alberto, le permite emerger de la regresión en la que lo había sumido su visión parcializadora y aislada.

d) La vuelta a la escena temida: la escena resultante

Ahora Alberto, nuestro coordinador en cuestión, va a volver a tratar su escena temida. Va a volver a vivirla y representarla con sus compañeros. Pero la escena ya no consuena en su interior de la misma manera. Su bloqueo narcisístico, la novela familiar que subyacía a su escena temida se ha transformado. La ha reescrito con sus compañeros y ha quedado sobreimpresa para transformar seguramente su óptica de la antigua escena temida que tiene para él, desde ahora, una valoración distinta, mucho más rica que la que tenía antes de ser tratada de esta forma.

Está listo, además, para consonar y resonar con las escenas temidas del resto de sus compañeros, que comienzan a desfilar durante las horas del seminario. Su novela profesional (equivalente de su novela familiar) ha comenzado a modificarse

Notas:

1. © Por los autores. Artículo inédito.

2. Nos referimos a la «Introducción» del libro de próxima publicación: «Manual para coordinadores de grupo» (SigloXXI).

3. Según nuestra proposición, el coordinador debe entrenarse para aprender a entrar y salir grupalmente de sus «escenas temidas» al tiempo que desea ayudar a sus coordinados a entrar y salir de sus respectivas «escenas temidas» grupalmente.

4. Véase Gennie y Paúl Lemoine: «Una teoría del psicodrama». Granica. Buenos Aires, 1974.

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